vista aérea del paseo marítimo pablo ruiz picaso de málaga

Movilidad sostenible en Málaga: ¿preparada para transformar el modelo actual?

El pasado día 5 de mayo de 2024, el Diario Sur publicó un artículo que bajo el título ‘Movilidad sostenible en Málaga’, enumera una serie de medidas que se deberían acometer a corto plazo para mejorar la movilidad en nuestro municipio y su área metropolitana y hacerla más sostenible.

Compartimos en esencia gran parte de lo que se expresa en esta columna, ya que sin duda los cambios propuestos -y unos cuantos más- son imprescindibles, pero no queremos perder la ocasión de compartir algunas de nuestras consideraciones sobre cuestiones tan relevantes y que atañen de manera directa a los objetivos que persigue nuestra organización. 

Uno de los principales motivos de la existencia de Ruedas Redondas  es el compromiso con la transición hacia una movilidad urbana sostenible, segura e inclusiva, por lo que nos parece casi una obligación moral participar en tan interesante debate, especialmente si está auspiciado por el que probablemente constituye el más importante medio escrito de nuestra ciudad.

La supremacía del coche

En primer lugar, el artículo habla de la distribución modal del transporte en la capital malagueña, exponiendo el claro predominio del vehículo a motor (coche/moto). En esta cuestión hay que añadir que la supremacía de este tipo de modos de transporte es aún más abrumadora si tenemos en cuenta solamente los movimientos relacionados con el trabajo. Este es un indicador fundamental para entender cómo funciona el sistema de movilidad de un área urbana, ya que por diversos motivos estos desplazamientos son los que condicionan en mayor medida su funcionamiento. Y en el caso de Málaga es muy revelador: el Plan de Movilidad Urbana Sostenible (PMUS) de Málaga, que muestra datos del año 2018, indica que los desplazamientos en coche para ir o volver del trabajo llegan prácticamente al 70% sobre el total.

Este indicador por sí solo ya nos revela una cuestión subyacente: a día de hoy, las acciones llevadas a cabo por el ayuntamiento de Málaga en materia de movilidad -salvo honrosas excepciones, por desgracia muy escasas- están hechas desde la perspectiva cochecentrista que se critica en el artículo.

El dilema de ‘Pepe’

El artículo nos habla de Pepe, un ciudadano hipotético al que las autoridades en materia de movilidad deben convencer para dejar de lado el uso de su coche y sustituirlo en la medida de lo posible por modos de transporte activo (andar, bicicleta), transporte público o soluciones de micromovilidad (patinete o similares). 

Para ello se propone un conjunto de medidas denominadas push-pull-mooring (que puede traducirse como empujar-tirar-afianzar).

Las medidas push son las que empujan a dejar de lado el uso del coche, las citadas en el artículo son:

      • Implementación de carriles bus-VAO en las grandes arterias de comunicación

      • Instalación de radares y aumento del control de infracciones

      • Políticas de aparcamiento más restrictivas

      • Implantación de zonas de bajas emisiones

    Por otro lado, las medidas pull tienen por objeto atraer al (o tirar del) ciudadano hacia modos de transporte alternativos:

        • Mejora del transporte público

        • Fomentar la intermodalidad de la llamada última milla, con aparcamientos en los nodos de transporte público tanto para coches como para bicis o patinetes

        • Mejora de la red de carriles bici

        • Acuerdos con las empresas para que incentiven el uso de modos alternativos entre sus empleados

      Por último, las medidas mooring son las destinadas a afianzar el cambio de modelo, las propuestas en el artículo son:

          • Campañas políticas y sociales

          • Generar consensos entre partidos políticos en el ayuntamiento

          • Cambios en la planificación urbanística

        No deja de ser irónico que, leyendo las medidas concretas que se proponen, se observa que el Ayuntamiento de Málaga no sólo se resiste a implementar la mayor parte de ellas, sino que en muchos casos tiende a hacer justo lo contrario. Dicho de otra manera, nuestro Ayuntamiento empuja donde debería tirar, y tira donde debería empujar, por lo que lo que finalmente se afianza es el modelo de movilidad urbana que desgraciadamente conocemos y sufrimos a diario. Como resultado, a día de hoy parece mucho más fácil convencer a Pepe de ir a todos lados en su coche que de moverse en bici o en transporte público.

        Medidas push

        En cuanto a este primer conjunto de medidas, la realidad actual malagueña muestra un panorama muy diferente: además de que los carriles VAO no existen ni se les espera, las zonas de bajas emisiones (ZBE) de momento se restringen a lo mínimo y parecen tener una efectividad limitada (no nos extenderemos ahora en este tema porque será sin duda objeto de otro artículo en un futuro cercano), y hay barrios enteros cuyos escasos espacios públicos están dominados de manera abrumadora por los aparcamientos, es especialmente llamativo el caso de las infracciones. 

        Pongamos por ejemplo que quienes nos jugamos literalmente el pellejo a diario en los denominados carriles 30, raramente hemos visto un vehículo ser multado en ellos por exceso de velocidad (ni mucho menos en el carril adyacente, normalmente con límite a 50 Km/h y en el que se circula con toda normalidad a 70). Sin embargo, todos conocemos a alguien que ha sido multado por circular en bici por lugares donde no está permitido según nuestra muy restrictiva ordenanza de movilidad (que, dicho sea de paso, también supuso un significativo efecto push respecto al uso de la bicicleta).

        No queremos decir con esto que quien comete una infracción en bicicleta no deba ser multado –ni mucho menos- pero es indiscutible que la ordenanza de movilidad actual ha tenido un efecto desincentivador en el uso de la bicicleta; a esto hay que sumar el efecto de una campaña de sanciones a los ciclistas cercana al acoso, que tuvo su momento álgido justo después de la aprobación de la ordenanza, pero que aún sufrimos (el último caso que conocimos es el de un empleado de una empresa de mensajería en bicicleta, multado por circular en el centro histórico para entregar un paquete. Juzgue el lector si esta es una medida favorecedora del transporte sostenible o más bien todo lo contrario).

        Por otra parte, entendemos que a las medidas push propuestas es imprescindible añadir un serio replanteo de las velocidades dentro del modelo de movilidad de nuestra ciudad. En Málaga no solamente se circula demasiado en coche, sino que en general se circula a demasiada velocidad. Hemos normalizado que en determinados ámbitos urbanos se circule a velocidades más propias de una carretera o incluso una autovía, y esto sin duda genera más complicaciones de las que resuelve -empezando por serios problemas de seguridad para peatones, ciclistas o para los propios conductores-. Y peor aún, hemos normalizado que esas infracciones prácticamente nunca tengan la sanción que les corresponde. El caso de los carriles 30 es especialmente sangrante. Cuesta mucho encontrar un vehículo que circule por ellos respetando el límite de velocidad, como venimos denunciando desde hace tiempo: Carriles 30 en Málaga: La mayoría de los coches circulan al doble de lo permitido

        La reducción de las velocidades del tráfico, además de incrementar la seguridad vial, podría ser la medida push perfecta: No hay mayor incitación para usar el vehículo a motor que el poder correr mucho, y por tanto no hay mayor desincentivo que no poder hacerlo.

        Otra estrategia push que ha funcionado extraordinariamente bien en ciudades mucho más adelantadas que la nuestra en cuanto a movilidad sostenible, es la desconexión parcial de la red de tráfico motorizado, que obliga a hacer rodeos y circunvalaciones a los vehículos pesados mientras que traza recorridos cortos y directos para los modos de transporte sostenible que se pretenden fomentar. Gracias a esta medida, Hans (el primo de Pepe que vive en Groningen, en los Países Bajos) descubrió que para ir a su trabajo o al cine era mucho más rápido y directo ir en bici o en transporte público que usar su coche. 

        Pero en este aspecto, el ayuntamiento de Málaga también juega en contra de la movilidad sostenible, y prefiere proyectar viarios rápidos y directos para los coches y recorridos intrincados y laberínticos para las bicicletas (a veces incluso haciendo curvas y cambios de dirección totalmente azarosos que no están condicionados por otra cosa que la libertad creativa de quien ha dibujado el trazado sobre un plano).

        Medidas pull 

        De todas las medidas denominadas pull, como es lógico, la que nos atañe de manera más directa es la que propone la mejora de la red de carriles bici. Solamente este tema nos daría -y probablemente nos dará- para escribir uno o varios artículos completos, así que intentaremos abreviar, y es bastante fácil porque basta con decir que los carriles bici implantados en Málaga actualmente no son merecedores de la denominación de red. No solamente por su falta de continuidad, conectividad, coherencia de trazados o seguridad, sino porque el ayuntamiento deja casi sistemáticamente las nuevas actuaciones urbanísticas desprovistas de estas infraestructuras. 

        Es muy triste que estemos pensando en cómo implantar un kilómetro de carril bici por aquí y otro por allá dentro de nuestro viario actual -con las posibles complicaciones que pueda tener intervenir sobre viales existentes- y que mientras tanto en los nuevos desarrollos urbanos se omitan o se marginen continuamente los espacios dedicados a la movilidad sostenible.

        Como ejemplo de esto no solamente está el clamoroso caso del túnel de la Alcazaba del que ya hemos hablado en otros artículos, sino muchos otros nuevos desarrollos urbanos en los que, aún proyectándose viarios con dimensiones muy generosas para el tráfico pesado -a veces incluso claramente excesivas- se omite una y otra vez el trazado de un carril bici, o se relega a un espacio residual, poco estudiado y desconectado. Incluso fuimos firmes candidatos a albergar una exposición internacional basada en la sostenibilidad cuya localización es completamente inaccesible en bicicleta y -al menos desde nuestra asociación- nunca escuchamos, dentro del bombardeo publicitario y mediático asociado a la promoción del evento, una palabra acerca de la solución de esta cuestión.

        La sensación general que produce la observación de nuestros carriles bici es que el ayuntamiento no los concibe como elementos conectivos -y que por tanto deben funcionar como una red- sino como una infraestructura de ocio o de paseo, o al menos esa es la conclusión a la que llegamos quienes los utilizamos a diario. No se puede entender de otra manera, por ejemplo, que en las intersecciones siempre se dé prioridad al tráfico pesado y sea el carril bici el que tiene que cambiar su trayectoria, o que con tanta frecuencia el carril se convierta en el recorrido de una verdadera gincana, subiendo y bajando tramos de acera, cruzando de manera infame por delante de paradas de bus, caracoleando hasta el mareo o simplemente desapareciendo ante nuestros ojos sin aviso previo.

        Por si fuera poco todo esto, si queremos convencer a Pepe de utilizar la bicicleta, lo tendremos muy difícil si se preocupa por su salud o la calidad del aire que respira. La configuración y los trazados de los carriles bici de Málaga convierten a los ciclistas en verdaderos fumadores pasivos de la movilidad, ya que están casi siempre mezclados con grandes volúmenes de tráfico contaminante y nos exponen a emisiones de todo tipo, con el agravante de que mientras respiramos este cóctel tóxico estamos realizando una actividad física (esto es especialmente grave si hablamos de los desafortunados carriles 30, en los que la inmersión en el tráfico contaminante es total).

        Por otro lado, es importante enmarcar dentro de las medidas pull la implantación de aparcamientos para bicicletas y patinetes que de verdad sirvan, es decir, que sean suficientes en número y en capacidad, estén bien distribuidos y que sean seguros. No es admisible, por ejemplo, que las estaciones de metro no estén dotadas con un número significativo de aparcamientos (algunas hasta hace muy poco no contaban con ninguno), o que gran parte de los aparcabicis colocados están diseñados para el free-locking (aparcamiento sin atar la bici a un elemento anclado), práctica que por desgracia en nuestra ciudad es prácticamente sinónimo de pérdida de la bicicleta por robo. Lo de tener parkings para bicis cerrados y/o vigilados como los que vemos en otras capitales europeas lo dejamos para la sección de ciencia-ficción, pero al menos si tenemos que aparcar en la calle, lo mínimo exigible es poder asegurar nuestro vehículo.

        Medidas mooring

        Las medidas mooring se definen como las encaminadas a afianzar el resto de medidas implementadas. Se trata de acciones más indirectas, pero igualmente necesarias. De ellas poco se puede hablar a día de hoy, puesto que al no haberse implantado casi ninguna de las anteriores, no existe un modelo de cambio que apuntalar. Sin embargo, se menciona una medida especialmente llamativa: la del generar consensos por parte de todo el espectro político que constituye el gobierno local. En un tiempo en que absolutamente todo se mira a través del prisma ideológico, resulta muy frustrante ver cómo los políticos tienden a colorear el uso de la bicicleta o el transporte público para asociarlo a una determinada corriente política. 

        Las dificultades añadidas de convencer a Pepe

        En Ruedas Redondas no existe otro ideario que la necesidad de hacer nuestro sistema de movilidad más sostenible y nuestras ciudades más habitables, y esto no viene impuesto por una idea política, sino más bien por la evidencia científica de la necesidad urgente de descarbonizar nuestras ciudades y nuestra economía. Además de eso, los socios y socias de nuestra entidad tenemos una cosa en común: nos gusta la bicicleta, y nos parece un instrumento perfecto para conseguir este fin.

        En conclusión, podemos decir que con los condicionantes expuestos parece a día de hoy muy difícil convencer a Pepe para que utilice la bici. Quizá por eso, el número de “Pepes” en bicicleta que encontramos en nuestra ciudad es demasiado pequeño. Esperamos que esto cambie pronto, y desde nuestra asociación seguiremos pujando por ello. Málaga lo necesita y no tenemos tiempo que perder.

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