La situación de los aparcabicis en Málaga

La situación de los aparcabicis en málaga

El pasado mes de abril publicamos en nuestra web el mapa de aparcabicis de la ciudad de Málaga, un recurso que estimamos muy necesario para quienes nos planteamos la bici como una pieza fundamental dentro de las estrategias hacia un modelo de movilidad sostenible.

El mapa resultante, fruto de muchas horas de dedicación y trabajo de parte de nuestro equipo de infraestructuras, constituye una herramienta utilísima para el día a día del ciclista, que podrá localizar fácilmente infraestructuras de aparcamiento en función de sus trayectos y necesidades en cada momento.

Pero además de eso, toda cartografía es un instrumento excelente de análisis para leer el territorio o la ciudad, y para detectar múltiples cualidades de aquello que se representa. Por ello hemos aprovechado la ocasión para escribir un breve artículo sobre la situación de los aparcabicis en nuestra ciudad.

El estado de los aparcabicis en Málaga

Como introducción, es necesario partir de una premisa que, por evidente que parezca, a veces parece poco considerada: si se utiliza un medio de transporte cualquiera -con la única salvedad del transporte público, o de nuestras propias piernas en el caso de los peatones- es imprescindible tener un espacio en el que poder aparcar este medio, sea cual sea. 

Esto parece estar muy claro en el caso de los coches y de las motos, pero da la sensación de que a quienes toman decisiones sobre las infraestructuras les parece una cuestión de menor importancia en el caso del resto de vehículos como bicicletas o patinetes. Las infraestructuras de aparcamiento de bicicletas deben constituir una red que, superpuesta a la red del viario ciclable (que tanto anhelamos los ciclistas de Málaga) la complemente para dar soporte a la movilidad sostenible.

Captura de pantalla del Mapa de aparcabicis elaborado por Ruedas Redondas.

Quizá por esta razón, la primera cuestión que nos llamó la atención a la hora de abordar la realización del mapa es precisamente la ausencia de un mapa de aparcabicis en Málaga completo y actualizado. No solamente por la falta de una herramienta tan útil para el ciclista, sino también porque denota una evidente falta de planificación en la materia. 

Como se ha explicado, la herramienta más valiosa para el análisis y la planificación urbana es la cartografía, luego si existiese dicha planificación el ayuntamiento tendría su propio mapa de aparcabicis completo y actualizado.

Los aparcabicis y el Ayuntamiento de Málaga

La instalación de un aparcabicis es algo sencillo y muy poco costoso en cuanto a precio y en cuanto a espacio -esta es una más de las múltiples ventajas de la movilidad en bicicleta- pero quizá al mismo tiempo estas cualidades se nos vuelven en contra a la hora de planificar su implantación, porque favorecen que nuestras autoridades sean un poco ‘perezosas’ a la hora de plantear una red de aparcabicis eficaz, segura y coherente y vayan continuamente improvisando su ejecución.

Todo el que tenga necesidad de un aparcabicicletas que lo pida, porque se ponen”. Así de rotundamente se expresaba sobre todo este asunto la concejala de movilidad en el pleno del pasado 29 de febrero de 2024. No queremos poner en duda las buenas intenciones de estas palabras, pero parecen confirmar las sospechas que comentábamos en el párrafo anterior. 

La infraestructura de aparcabicis se trata como un asunto a resolver a demanda sin efectuar un análisis previo de las necesidades de la comunidad ciclista.

No es en absoluto malo -sino todo lo contrario- escuchar las peticiones de los ciudadanos en este asunto como en todos los demás, pero al igual que para la construcción de aparcamientos para coches se efectúan minuciosos estudios antes de su implantación, da la sensación de que la instalación de aparcamientos para bicicletas se hace de una manera más bien improvisada, simplemente buscando un hueco y colocando uno, bien por intuición o bien a raíz de las solicitudes de los propios usuarios. 

A esto hay que unir que la red de aparcabicis pertenece a diferentes áreas del Ayuntamiento, que a menudo parecen no andar muy coordinadas entre sí: algunos son gestionados por el área de movilidad, y otros por los respectivos distritos en los que se encuentran.

El resultado de esta política es el que ya hemos descrito: la red de aparcabicis es a día de hoy una infraestructura poco coherente, con soluciones a medias y con muchos problemas funcionales y carencias.

Los aparcabicis y la intermodalidad

Decía la concejala en la referida intervención en el pleno del 29 de febrero que uno de los objetivos del ayuntamiento es favorecer la intermodalidad. Es decir, favorecer que el ciudadano utilice la fabulosa combinación entre movilidad sostenible (sin duda encabezado por la bici, pero complementado por otros usos como los VMPs) y transporte público. 

Pero para que esta unión sea de verdad fabulosa es necesario -además de contar con un transporte público de calidad- que los usuarios de la movilidad sostenible sepan que, cuando aborden un lugar de intercambio entre transporte privado y transporte público, dispondrán de un lugar donde dejar su vehículo antes de proseguir su viaje. Para ilustrar esto volveremos a fijarnos en nuestro amigo Pepe, que ya fue objeto de estudio en el artículo “Movilidad sostenible en Málaga” de Diario Sur, y de esta entrada en nuestra web.

Supongamos que Pepe vive en la Malagueta, pero trabaja como administrativo en la facultad de Ciencias de la Salud, por lo que a diario tendrá que desplazarse desde su barrio hasta el final del campus de Teatinos, en un tiempo razonable que le permita estar a tiempo en su puesto de trabajo sin tener que levantarse a las 5 de la mañana. 

Nuevos aparcabicis en U invertida que sustituyen a los ‘rack rompe ruedas’ en Calle Carretería.

Para ello, Pepe decide utilizar la bicicleta hasta la estación de metro de Atarazanas, dejar su bicicleta allí, y usar el metro para hacer el tramo más largo de su viaje. Esto está muy bien si Pepe sabe que podrá dejar su bici sin problemas en un lugar seguro dentro de la estación o suficientemente cerca para que su viaje intermodal sea eficiente.

Pero una vez más, la realidad malagueña disuadirá a Pepe de utilizar esta combinación de transporte. La estación de metro de Atarazanas cuenta -desde hace menos de un mes a la hora de escribir este texto- con aparcamientos para exactamente ocho bicicletas. 

Esto significa que si la medida tiene éxito y se favorece la intermodalidad bici-metro, solamente tendremos garantizado el aparcamiento para ocho Pepes. El noveno tendrá que buscarse la vida o viajar con su bici en el metro (cosa que no es siempre posible, pero ya hablaremos de ello en otra ocasión) esperando poder aparcar en el entorno de su trabajo (cosa que por desgracia tampoco es siempre fácil).

Aparcabicis modelo ‘tonto el último’ en la estación de Atarazanas.

Ante este panorama, lo más probable es que pocos se animen a emprender la aventura de la intermodalidad. Y lo que es peor, como pocos se atreverán a hacerlo ante la incertidumbre producida por tan exigua infraestructura, el Ayuntamiento lo interpretará como un signo de que a los malagueños no nos interesa la conexión bici-metro. Con un poco de mala suerte acabarán retirando los aparcabicis por falta de uso o dejándolos morir por falta de mantenimiento.

La realidad es que, si de verdad se quiere fomentar la intermodalidad, las autoridades (llámense el Ayuntamiento o los responsables de Metro Málaga o cualquier otra competente en la materia) tienen que apostar un poco más fuerte. 

No hay más que asomarse a cualquier estación de cualquier transporte público de cualquiera de los países de referencia en movilidad sostenible para saber de qué hablamos. No podemos pretender que Pepe se arriesgue cada mañana a llegar tarde al trabajo por no poder aparcar su bici a tiempo en un lugar seguro.

Aparte de la relación de los aparcabicis con el transporte público, las ciudades sostenibles en materia de movilidad deben contar con una red pública de aparcabicis suficiente, segura, coherente y bien distribuida. Para no extendernos más de la cuenta, hablaremos de los aparcabicis en el espacio público desde tres aspectos esenciales: el número y la distribución, la capacidad y la seguridad.

La distribución de los aparcabicis en la ciudad

Como hemos comentado anteriormente, el número de aparcabicis debería ir por delante de la demanda para favorecer el transporte sostenible en bicicleta. Pero íntimamente ligado con este aspecto está la distribución. 

Hay que tener en cuenta que la movilidad ciclista es en muchos casos un transporte de ‘último kilómetro’, por lo que quien la utiliza no verá sentido a hacer 15 minutos en bici y a continuación otros 15 minutos desde el aparcamiento a su destino. 

Por ello la red de aparcamientos debe ser lo más distribuida posible, cosa que no es complicada de conseguir, puesto que como se ha explicado, no se necesita mucho consumo de espacio ni de recursos para conseguir instalar un aparcamiento para bicicletas.

Pero además de estar correctamente distribuidos, es igualmente importante que los aparcabicis estén bien situados. Un aparcamiento que esté en un lugar poco visible es un aparcamiento poco seguro. 

Como decía la famosa teórica del urbanismo Jane Jacobs, el mejor sistema de vigilancia y de seguridad urbanas es tener ‘ojos en la calle’, es decir, la presencia de personas en un determinado lugar ejerce una especie de vigilancia involuntaria que aporta mucha seguridad. 

Esto se traduce en que los aparcabicis deberían estar siempre en lugares muy visibles y más o menos concurridos, si es posible durante todo el día y la noche. Nadie que tenga el más mínimo aprecio a su bici la dejará aparcada en un sitio poco visible y por el que no pasa casi nadie.

Qué hace un aparcabicis como tú en un sitio como este…

La capacidad

Uno de los grandes errores que encontramos más a menudo en la instalación de aparcabicis es que se suele colocar siempre lo mismo, sea donde sea y tenga la demanda que tenga. Así vemos, por ejemplo, que aparcamientos que se usan de manera muy ocasional están dimensionados con la misma capacidad que otros que tienen una demanda altísima. 

Por ejemplo, en la Plaza del Siglo, donde hay aparcamiento para cinco bicicletas pero con frecuencia se encuentran decenas de ellas fijadas a la escultura que preside el espacio público (y que, dicho sea de paso, está mucho mejor diseñada para candar una bici que el aparcamiento que se ha instalado).

Respecto a esta última cuestión, hay que señalar que es una práctica habitual asegurar las bicicletas candándolas a algún elemento de mobiliario urbano o a cualquier elemento fijo. Esta es una costumbre que incluso se extiende por ciudades en las que hay una cantidad ingente de aparcamientos para bicicletas. 

Se trata de una manera socorrida de asegurar la bici que generalmente no supone ninguna molestia para los peatones o el tráfico rodado (si la supone, desde luego debe evitarse a toda costa hacerlo). Sin embargo, la ordenanza de movilidad de Málaga prohíbe de manera expresa el aparcamiento de bicicletas en otros elementos que no sean aparcabicis. 

En la realidad, afortunadamente esta no es una práctica que se suela perseguir o sancionar, pero no parece razonable que, teniendo en cuenta la falta de infraestructuras de aparcamiento, la ordenanza sea tan restrictiva en este aspecto (una medida más que parece no querer favorecer la movilidad en bici sino todo lo contrario).

La seguridad

Si hay un asunto fundamental a la hora de instalar un aparcamiento de bicicletas es su seguridad. Las bicis son objetos sencillos y ligeros, no tienen llaves de contacto que impidan ponerlas en marcha y la mayor parte de sus piezas se puede desmontar con la única ayuda de un destornillador o una llave allen. Por ello, están muy expuestas al robo cuando se aparcan en un lugar público si no se toman algunas medidas para asegurarlas.

Como se ha comentado, la primera de estas medidas es colocar los aparcabicis en lugares muy visibles, lo que constituye un factor disuasorio para los ladrones, que se expondrán mucho si intentan robar una bici a la vista de todo el mundo. La segunda medida, aún más importante, es candar la bici con un sistema suficientemente seguro a un elemento sólido y bien anclado al suelo o a otro elemento fijo.

Para ello es fundamental poder asegurar el cuadro de la bici, ya que es el elemento más importante, más grande y más caro de nuestro vehículo (hay multitud de tutoriales o páginas que indican cuáles son las maneras más seguras de asegurar una bici, de modo que no abundaremos en esta cuestión). Además, como es lógico, necesitaremos hacer uso de un candado suficientemente seguro, sólido y difícil de romper o forzar. Pero de nada nos servirá contar con este candado si el aparcabicis donde vamos a dejar nuestro vehículo no cuenta con un elemento seguro al que asegurarlo.

Si observamos nuestro recién estrenado mapa de aparcabicis, podemos ver que no sólo están cartografiados cada uno de ellos, sino que además están clasificados según varias categorías. La que más nos interesa de ellas es la del tipo de infraestructura: todos aquellos aparcamientos que aparecen en la modalidad ‘rack’ son aparcabicis que solamente permiten encajar la rueda delantera para sostener la bici, y ofrecen muy poca o ninguna posibilidad de candar el cuadro. Esto los hace muy ineficaces, ya que son solamente válidos para el denominado ‘free-locking’, consistente en dejar la bici sin candar a ningún elemento fijo. 

Normalmente este diseño de aparcamiento ha sido concebido para su uso en lugares muy seguros: interiores de garajes particulares, terrazas o lugares públicos en los que la bici está junto a su propietario el tiempo que este pase allí, y poco más. Por ello, cuando se instalan este tipo de aparcabicis en lugares públicos, lo normal es que veamos cómo los dueños de las bicis tienen que hacer malabarismos para poder asegurar sus vehículos.

Existe una guía de diseño muy instructiva del ayuntamiento de Cambridge en la que ilustran muy bien esta cuestión. En ella se puede ver una guía sobre tipos de aparcabicis (en el apéndice C). Como vemos, este tipo de aparcamientos en rack aparece en un epígrafe denominado ‘aparcabicis inútiles’. Por ello no es extraño encontrar algunos de estos artefactos vacíos y, junto a ellos, bicis candadas a una farola o a un banco.

Cuando la escultura es mejor aparcabicis, el aparcabicis se convierte en escultura

En conclusión, una vez más llegamos a una realidad conocida por los ciclistas malagueños: en materia de aparcabicis, como en el resto de infraestructuras, queda mucho por hacer y por mejorar en nuestra ciudad. Esperamos que así sea.

Compartir