La bicicleta, la mejor aliada contra el ruido en las ciudades

El Día Internacional de Concienciación sobre el Ruido se celebra el último miércoles de abril. Su objetivo principal es alertar sobre los efectos nocivos de la contaminación acústica y promover medidas para reducir la exposición al ruido.

El ruido ha estado ligado a la vida urbana desde sus comienzos. Ya en el año 45 a.C., Julio César promulgó la Lex Iulia Municipalis —considerada el origen de las ordenanzas municipales—, que prohibía el tráfico rodado privado desde el amanecer hasta pasado el mediodía. Esta medida buscaba hacer las calles más habitables para una ciudadanía fatigada por el constante tránsito comercial.

En la actualidad, el tráfico motorizado constituye la principal fuente de ruido ambiental en las ciudades, aunque no debemos ignorar otras emisiones relevantes como las generadas por la industria, el ocio o los comercios. Residentes, peatones y ciclistas son los colectivos más vulnerables frente a esta epidemia crónica e invisible, que ya afecta a 12 millones de personas en España y provoca más de mil muertes prematuras al año.

El ruido es el segundo factor ambiental con mayor impacto en la salud en Europa, solo por detrás de la contaminación del aire, y todo indica que durante las próximas décadas los niveles de ruido seguirán en aumento debido al crecimiento urbano y al incremento de la movilidad.

El Ayuntamiento de Málaga, como municipio con más de 100.000 habitantes, tiene la obligación legal de elaborar mapas estratégicos de ruido y actualizarlos cada cinco años. Según los organismos internacionales —y en particular la Unión Europea—, los niveles promedios admisibles de ruido ambiental deberían situarse por debajo de 65 dB(A) durante el día y 55 dB(A) por la noche. La Organización Mundial de la Salud (OMS), por su parte, recomienda límites aún más estrictos: 53 dB(A) de promedio diario y 45 dB(A) de promedio para el periodo nocturno.

Según el último Mapa Estratégico de Ruido de Málaga, publicado en 2017, aproximadamente el 30% de la población malagueña está expuesta a niveles superiores a los 70 dB(A), superando ampliamente los límites establecidos por la UE. Esta cifra está por encima de la media de las ciudades europeas, donde alrededor del 20 % de la población urbana sufre niveles de ruido equivalentes.

Fuente: MER 2017. Ayuntamiento de Málaga.

Es más, al comparar los distintos mapas de ruido elaborados en Málaga, se observa un empeoramiento progresivo de la situación. Desde 2012, el nivel de ruido ha aumentado en torno a un 7% de media, reflejando una tendencia preocupante. No en vano, Málaga es la novena ciudad más ruidosa de las ciudades españolas que cuentan con mapas de ruido.

Fuente: MER 2017. Ayuntamiento de Málaga.

En una encuesta reciente sobre calidad de vida en ciudades europeas realizada en 2023, Málaga destaca en aspectos como el ruido y la mala calidad del aire, especialmente en comparación con otras ciudades de tamaño y población similares. De hecho, un 45% de la ciudadanía malagueña se muestra insatisfecha con los niveles de ruido en la ciudad.

El túnel de la Alcazaba: un ejemplo de estrategia equivocada frente a la contaminación acústica 

La reciente reforma del túnel de la Alcazaba en Málaga, que ha supuesto una inversión de 2,6 millones de euros, ha desatado un debate sobre la efectividad de las medidas adoptadas para reducir el ruido. Aunque el proyecto se centró en reducir la contaminación acústica, los resultados indican que se ha perdido una oportunidad de oro para abordar el problema de manera más eficiente y económica. 

Un error de diseño que demuestra cómo reducir el ruido 

Cuando el túnel reabrió tras la obra, un error de diseño en el sentido de los carriles provocó grandes atascos. Esto redujo considerablemente la cantidad de tráfico y sobre todo la velocidad de los vehículos. El resultado es que, durante los primeros días, al entrar en el túnel, la primera impresión era que la intervención realmente había conseguido reducir algo el nivel de ruido.

Posteriormente, se ha resuelto el problema de los atascos rediseñando el sentido de los carriles. El tráfico fluye ahora con mayor velocidad, llevando la situación acústica del túnel a un estado bastante similar al de antes de la reforma. 

La estrategia de apantallar el ruido: un costoso desacierto 

El proyecto de reforma del túnel se centró en la implementación de varias medidas, siendo la más evidentemente costosa la construcción de mamparas para apantallar el ruido. Las mamparas instaladas, que parecen ser simples cristales, no están selladas por la parte inferior, permitiendo que el ruido se cuele por los huecos, y su impacto en un entorno cerrado y reverberante como un túnel es mínimo.  

Las pantallas acústicas pueden reducir el ruido debido al camino directo, aunque siempre tendremos una importante contribución de la onda difractada. Pero es que, en este caso, tenemos además el sonido que se cuela por la parte inferior, que no está sellada, y toda la reverberación del entorno que entrará también por la parte superior, que queda abierta.

En este caso, pensamos que una estrategia de apantallamiento debería haber pasado por sellar completamente la separación entre calzada y peatones, como en la propuesta del ingeniero Manuel Olmedo de 2014, aprobada por el Consejo Social de la Ciudad, y aun así tendríamos el problema del ruido en la calzada que no es pequeño. Por si fuera poco, como si el ruido se pudiera tapar con más ruido, el ayuntamiento ha instalado un hilo musical.

La estrategia de reducir el ruido en su origen: la opción olvidada

Contrario a la opción de apantallar el ruido, existe una estrategia mucho más lógica y efectiva: reducir el ruido en su origen. Es cierto que el uso de asfalto sono-reductor ha logrado una ligera disminución del ruido de rodadura, pero el impacto es limitado.

Sabemos que el ruido debido a la rodadura crece mucho para velocidades superiores a 30km/h2. En el caso de coches con motor de combustión, a partir de esa velocidad, la rodadura genera más ruido que el motor. Por lo tanto, reducir la velocidad de los vehículos podría ser una solución mucho más efectiva para disminuir el ruido en el túnel, como de hecho se pudo comprobar los primeros días tras la apertura. 

Por otro lado, una bicicleta produce un nivel de ruido que se sitúa entre 30 y 55 dB(A), comparable al sonido de una conversación normal y muy por debajo del umbral de daño auditivo.

De hecho, un aspecto esencial que se ha pasado por alto en esta reforma es la inclusión de un carril bici. Las bicicletas, al no generar ruido significativo, representan una opción clara para reducir el ruido en el túnel.

Si se hubiera destinado parte del presupuesto a fomentar su uso, mediante la creación de un carril exclusivo, se habría avanzado significativamente en la estrategia de reducir el ruido en su origen, en lugar de intentar mitigar sus efectos una vez generado. 

La bicicleta: una solución eficiente y saludable 

Más allá de ser una oportunidad perdida y un claro ejemplo de dinero malgastado, esta experiencia debería servir como aprendizaje para los responsables municipales. Málaga es una ciudad con un problema considerable de ruido, y es imperativo que se adopten medidas efectivas y sostenibles para abordarlo.

En este contexto, la bicicleta juega un papel protagonista. Fomentar su uso, no solo porque es la solución más económica, sino poque es una estrategia de impacto significativo y duradero en la reducción del ruido y en la mejora de la calidad de vida urbana.

Mientras que la reforma del túnel se centró en estrategias de infraestructuras grises y costosas de eficacia limitada, se ha demostrado que medidas más simples y baratas, como la reducción de velocidad y el fomento del uso de la bicicleta, podrían haber sido mucho más efectivas para alcanzar el objetivo de reducir el ruido.

Málaga necesita aprender de esta experiencia y apostar por soluciones que no solo sean viables económicamente, sino que también contribuyan a la sostenibilidad y calidad de vida en la ciudad. 

Conclusión

Si hoy reescribiera la Lex Flavia Malacitana, probablemente Julio César volvería a establecer la prohibición del tráfico rodado comercial y motorizado en ciertos horarios. Tras siglos de aplicación de este tipo de medidas coercitivas, hoy en día sabemos que estas medidas de control de acceso (zonas de bajas emisiones) no solucionan el problema.

Necesitamos diseñar nuestras ciudades pensando en las personas y no en los coches. La solución definitiva sin duda vendrá de la mano de un urbanismo que priorice espacios para la movilidad sostenible y silenciosa, centrada en peatones y ciclistas.

Necesitamos reducir al máximo el uso del coche en nuestros desplazamientos urbanos y para ello hemos de generar alternativas justas, verdes y eficientes al transporte motorizado individual. El silencio es salud.

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