Sobre la invisibilidad. Del 8M a la movilidad en bicicleta

En los tiempos convulsos en los que vivimos, asistimos a un debate público nada gratificante sobre el abandono del término feminismo, y de cualquier acción o idea relacionada con este. Confundir feminismo con pretensiones de superioridad de las mujeres frente a los hombres es no entender en absoluto el objetivo del feminismo y en particular de las reivindicaciones que conllevan la celebración del 8M o del día de la mujer. 

En la mayoría de los manifiestos y convocatorias relacionadas con el 8M se reivindican no sólo las políticas y acciones en la lucha para la igualdad de oportunidades para las mujeres, sino también para otros colectivos, como migrantes, personas afectadas por la crisis de la vivienda, ecologistas,… pero, ¿qué es común en todas estas reivindicaciones? Pues, entre otras cosas, denunciar las injusticias a las que se enfrentan estas personas, de las que muchas veces no se tiene siquiera conciencia.

Y, ¿qué se pretende, entre otras cosas, con el 8M? Darles visibilidad. Parece que aquello que no vemos no existe; incluso aquello que se ve y es obvio, hasta que no se enuncia y se formula correctamente no se tiene en cuenta.

Durante siglos hemos asistido a la superioridad de unos colectivos sobre otros; del Norte global sobre el Sur global, de las personas blancas sobre las de otras etnias, de la riqueza sobre la pobreza, de los hombres sobre las mujeres, y sí, en los últimos 70 años también del petróleo sobre todo lo demás, y del coche sobre otros modos de movilidad.

En este mes de marzo, queremos visibilizar que la movilidad también tiene problemas graves de falta de equidad y justicia social, y por supuesto, como el resto de sectores, de discriminación hacia las mujeres. La ciudad y los territorios están planificados desde una perspectiva claramente masculina que prioriza las necesidades de los hombres adultos en edad productiva. Este sector poblacional es el que mayoritariamente utiliza el transporte privado contaminante, frente a otros modos de movilidad. Las mujeres se inclinan más por usar modos de transporte menos contaminantes, como caminar o el transporte público (Civitas, 2020).

Pero más allá de esta idea, la mayoría de los datos relacionados con la movilidad de las mujeres también están invisibilizados, incluso en los estudios o planes de movilidad, tal y como nos muestra en su tesis final de Máster Louisa Dreis (2020). 

No es nada que no ocurra en otros aspectos vitales. Tal y como nos describe Caroline Criado Pérez, en su libro Invisible Women: Exposing Data Bias in a World Designed for Men (2019), vivimos en un mundo que ha sido diseñado a medida de los hombres, hasta tal punto que ni tan siquiera se han recabado o tenido en cuenta los datos de las mujeres; volvemos al concepto de la invisibilidad. 

Volviendo a la movilidad, la falta de recopilación y de análisis de los datos de determinados sectores de la población -y aquí nuevamente se introducen no sólo las reivindicaciones feministas, sino también de cualquier otro de los múltiples colectivos invisibilizados- hace que se tomen decisiones que sólo se fundamentan en la ciudad productiva masculinizada. De este modo se deja de lado a la infancia, a las personas mayores, a las personas migrantes, o simplemente a los pobres. 

Pero si seguimos profundizando en la invisibilidad, la de las personas que van en bicicleta es un ejemplo paradigmático, y aun lo es más la de las mujeres que van en bicicleta. 

Paradójicamente, la bicicleta supuso una herramienta fundamental de liberación para la mujer victoriana de finales del siglo XIX, justamente porque le otorgó visibilidad en el uso del espacio público, al tiempo que le dotó de independencia y posibilidad de cubrir largas distancias. Mientras que en la década de 1890 en el Reino Unido cerca de un tercio de las bicicletas eran conducidas por mujeres, un siglo después el número de mujeres que van en bici por la ciudad de Londres no llega al tercio (Garton, 2024). Y los motivos por los que no se ha avanzado en más de un siglo son diversos, desde la falta de seguridad, el miedo, hasta el manejo de la bicicleta. Pero sin duda, las ciudades que se planifican inseguras y poco amables son una parte importante del problema.

Si diseñamos un mundo adecuado para las mujeres, la infancia, las personas mayores y los colectivos discriminados, estaremos diseñando un mundo mejor para todos. Démosle visibilidad a las bicicletas, fomentemos las ciudades seguras e inclusivas que favorecen la movilidad sostenible, pero, sobre todo, hagamos visibles a las mujeres que vamos en bicicleta porque también existimos. 

María José Márquez Ballesteros
Presidenta de Ruedas Redondas


Civitas. (2020). Gender Equality and Mobility: Mind the Gap!

Criado Perez, Caroline. 2019. Invisible Women: Exposing Data Bias in a World Designed for Men. Penguin Random House UK

Dreis, Louisa (2021) FEMINIST URBAN MOBILITY – Uncovering Sexism in Urban Mobility & Taking Action Towards a Feminist Urban Mobility. Master thesis, Sustainable Entrepreneurship (SE).

Garton, Rosie. (2024). The cycleborg: everyday performances of solidarity and hope of the cycling female. Studies in Theatre and Performance, 44(1), 24–40.

Giacomantonio, S., Mitra, R., & Ravensbergen, L. (2024). Bicycle facilities and women’s cycling frequency – An intersectional analysis of gendered travel behaviour. Transportation Research. Part A, Policy and Practice, 184, 104094-.

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