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Cómo rebatir con datos los mitos sobre ciclistas (y dejar sin argumentos a tu cuñado en las reuniones familiares)

Existen varios mitos y estereotipos sobre los ciclistas urbanos que no reflejan la realidad, especialmente entre los conductores. En este artículo vamos a aportar datos para desmentir muchos de ellos. Así podrás cargarte de argumentos ante esos familiares que creen llevar siempre la razón y disfrutan polemizando. 


“Los ciclistas se saltan los semáforos en rojo”

Puede que sea la etiqueta social más utilizada contra nosotros. Al fin y al cabo, los ciclistas somos minoría ante conductores y peatones. Una minoría que no pasa desapercibida y que conduce un ‘medio vulnerable’, como califica la DGT a la bicicleta. 

Supongamos que hay parte de razón en esta afirmación. Como en cualquier otro colectivo, puede haber un pequeño porcentaje de ciclistas que no cumple las normas. Pero no es menos cierto que los semáforos, como el resto de normas de circulación, han sido pensados a la medida de los coches, siempre para favorecer la fluidez del tráfico y la seguridad de los peatones.

Hay quien habla de sesgo de percepción, pues los conductores al estar más pendientes tanto de sus iguales como de las señales de tráfico, suelen encontrarse menos preparados para reaccionar ante el factor ciclista. Y culpar al más débil e inesperado es lo más inmediato. En la calzada como en la naturaleza, el pez grande se come al chico.

Entonces, ¿dónde queda la seguridad de los ciclistas? Para un ciclista, parar en un semáforo es un momento crítico. Y existen razones para no hacerlo: 

  • Respira menos gases contaminantes si se coloca justo antes del paso de peatones. 
  • Al tardar más tiempo en arrancar que los coches, la salida simultánea con otros vehículos puede provocar situaciones de peligro y estrés. 
  • Detener y arrancar requiere energía. 
  • Al saltarse un semáforo en rojo, obstaculiza menos a los vehículos y evita ponerse en un riesgo añadido.


Con esto no justificamos el incumplimiento de las normas de tráfico. Estamos señalando un problema derivado de la aplicación de normas concebidas para los vehículos a motor. ¡Hace más de un siglo!

El debate está cerrado en otras ciudades desde hace tiempo. En París, las autoridades decidieron en 2015 despenalizar esta infracción, permitiendo a los ciclistas saltarse los semáforos en rojo en determinados casos.

Hablemos del Idaho stop. Cita la Wikipedia, eso siempre gusta. En esta ciudad americana un semáforo en rojo funciona como un stop para los ciclistas y este como un ceda el paso, pues se entiende que una bici no alcanza ni el peso ni la velocidad suficiente como para provocar un siniestro. Lo mismo sucede en Viena, Bruselas o Shanghai, donde tienen semáforos específicos para bicis o que abren antes para ellas.

En Reino Unido los ciclistas tienen reservada una área en los semáforos delante de los coches, la bike box o avanzabicis en castellano, de manera que los adelantan para ponerse los primeros y salir antes cuando el semáforo se pone en verde.

Así que, cuando te acusen de saltarte los semáforos en rojo, puedes responder que quizá sea una norma que tiene sus días contados. Y si no es suficiente con esta explicación, habla de la necesidad de construir carriles bici seguros y segregados del tráfico.


“Los ciclistas no pagan el impuesto de circulación”

Que quede claro: el ‘impuesto de circulación’ no existe. Existe el ‘Impuesto de vehículos de tracción mecánica (IVTM)’, una tasa municipal que los ciclistas no pagamos porque las bicis no funcionan a motor. De hecho, grava la titularidad del vehículo y no su uso. Es decir, paga lo mismo el propietario de un vehículo que lo utiliza a diario como aquel que lo tiene parado todo el año en el garaje. 

De todas formas, este impuesto no alcanza para cubrir la creación y mantenimiento de las carreteras de todo el país, una partida presupuestaria que en 2021 fue de 2.343 millones de euros.  

Una cantidad imposible de conseguir sin la aportación proveniente de otros impuestos como como el IBI, el IVA o el IRPF. Y estos sí que los pagamos todos los ciudadanos, incluidos los ciclistas y las personas que no tienen coche.


“Los ciclistas tienen que ir por el carril bici”

Falso. La actual Ordenanza de Movilidad del Ayuntamiento de Málaga en su artículo 23 no obliga a los ciclistas a circular por el carril bici. Tan solo recomienda hacerlo ‘con carácter preferente’ si existe alternativa. 

Y ya sabemos que el trazado inconexo e intermitente de los carriles bici de la ciudad hace prácticamente imposible encontrar un itinerario diferente a la calzada para la mayoría de los destinos.


“Los carriles bicis provocan atascos”

De los creadores de ‘los ciclistas tienen que ir por el carril bici’ ahora llega ‘los carriles bici provocan atascos’. En las mejores salas. Y en las mejores redes sociales. Siempre que se anuncia la inauguración de un carril bici sobre el espacio que antes ocupaban los coches, se reciben quejas por la reducción de la capacidad de la vía. 

Pero la causa de los atascos tiene un único culpable: los coches. De hecho, las vías destinadas a los turismos tienen la capacidad de transportar a menos personas por hora (600 a 1600 personas) que las destinadas a sólo bus (4000 a 8000), aceras (9000) o carril bici (7500). Ver comparativa aquí.

¿Qué tal si usamos el llamado reparto modal? Dividamos las calles –hay auténticas autovías urbanas por toda la ciudad– en cuatro: un carril para coches, un carril bus, un carril bici y grandes aceras para los peatones. Ganaríamos en salud, perderíamos menos tiempo y dinero. Y menos ruido también.

Esta medida hace que el tráfico sea mucho más fluido. Todos ganamos. Los coches también.


“Málaga es una ciudad bikefriendly’

Un antiguo lema de la corporación municipal nada más lejos de la realidad. Málaga es una de las ciudades de Europa con mejor clima. El invierno dura 2 meses mal contados y, por desgracia, llueve poco. Un contexto idóneo para desplazarse en bici durante todo el año.

Pero lamentablemente también es una de las grandes ciudades españolas con menos kilómetros de carril bici (45) siendo superada por Madrid (130), Barcelona (200), Valencia (150), Sevilla (160) o Zaragoza (125). 

Málaga es la única gran ciudad española sin sistema municipal de préstamo de bicicleta. Hasta 2021 funcionaba MálagaBici, pero el Ayuntamiento lo clausuró y lo sustituyó por operadores privados mucho más caros. 

El Ayuntamiento de Málaga hace años que guardó en un cajón el Plan Director de la Bicicleta. No se sabe nada de él. La reciente construcción de carriles bici se hace sin planificación, muchas veces sin cumplir unos mínimos de seguridad y no existe manual para el diseño de infraestructura ciclista como en otras ciudades. No hay un criterio único y el diseño se deja a merced de empresas constructoras con poca experiencia.

No existe una red de carriles bici como tal, estos a menudo se cortan, obligando a los ciclistas a moverse por la calzada para buscar el siguiente tramo de carril bici, si es que existe. 

La Ordenanza Municipal tampoco ayuda. Con la ley en la mano, un niño de 3 años no puede aprender a montar en bici por la acera. ¿Qué será de las tiendas y talleres de bicicletas de Málaga en el futuro? Menos mal que en Ruedas Redondas tenemos la biciescuela.

Esperamos que esta batería de argumentos ciclistas te proporcione la munición (dialéctica, se entiende) necesaria para que no haya discusión familiar que se te resista. 

Cambiar la cultura y la mentalidad de las personas aún no convencidas es la clave para transformar la ciudad.

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